Sueño en pijama
Cuando despierto de estos sueños tan extraños no sé si
sentirme triste, asustada o abochornada, porque feliz, feliz, lo que se dice
feliz, no es.
Estar conduciendo por ahí, por vecindarios desconocidos, en
la noche, vestida solamente con la ropa de dormir ya de por sí es difícil, pero
estacionar el auto en un lugar, caminar por lugares poco iluminados tratando de
evitar el corillo de como quince o veinte desconocidos en juerga, en busca del
bendito carro es una aventura que no le deseo a nadie.
Entonces me acerco a lo
que parece ser la parte trasera de algún tipo de fábrica, taller o negocio que
me inspira confianza porque hay dos hombres y una mujer fumando tranquilamente,
en un break de medianoche. Les explico mi desventura en espera de que me ofrezcan
salida atravesando su edificio, pero por alguna razón no soy clara en mi
petición y a ellos tampoco se les ocurre. De momento estoy allí mismo con mi
hija, que por buscarla es que me veo en tan difícil situación. Ella tampoco
tiene idea de cómo salir de allí sin tropezar con el grupo peligroso, pero no
parece estar asustada, solo quiere moverse del lugar. La fábrica comienza a
cerrar portones y a apagar luces, me preocupa que nadie se ofrezca a ayudarnos,
por lo que entro un poco más a las facilidades. Me encuentro con un supervisor
que reconoce haberme visto acompañando a los que fumaban unos momentos antes.
Este por fin nos ofrece ayuda y permite que crucemos por dentro del negocio
hasta la parte del frente, que llega hasta una calle más iluminada donde hay
una placita.
Estamos en el Viejo San Juan. Unas calles que conozco muy bien de
día, pero que en la noche me parecen formar parte no solo de otro país, sino de
otro siglo. Todo el tiempo me siento contrariada por la facha en que me
encuentro, agradeciendo en el fondo la amabilidad del hombre, a pesar de que
no tiene forma de saber quién soy, porque estoy casi sin ropa. Caminamos por las calles tratando de
conseguir mi auto. Mi hija se encuentra con un hombre con el que había quedado
en verse, me parece que tienen intenciones de seguir en la juerga, yo solo
quiero encontrar mi carro y largarme a mi casa, pero a ellos no parece
importarle.
De repente, no recuerdo si como continuación o comienzo de otra
experiencia, estoy sola entrando a una tienda por departamentos. En mi mente
creo que es Penneys, pero puede ser hasta González Padín. Estaba buscando cosas
para pasar un fin de semana con mi familia, en una casa mía que solo uso para
vacacionar. Miro el reloj, ya es tarde, busco un ascensor, creo que entro a él,
pero de momento me veo montada en un alero del ascensor, fuera del mismo,
mientras este baja. Se detiene sin llegar al piso por completo, quiero bajarme,
pero tendría que brincar y me detengo por unos segundos.
La escena es un lugar
lleno de arena, como una playa. Mi padre está afuera esperándome, tiende su
mano, la agarro y salto, en un solo movimiento. Camino. Llevo en los hombros,
bajo los brazos y en las manos una cantidad no determinada de paquetes,
necesarios para el fin de semana. Busco mi casa. Todas se parecen. La arena me
hace difícil el camino. Anochece. Me entristece fallarle a los míos. Nunca he
querido no llegar a dónde me esperan.
(imágenes tomadas de la red)
(imágenes tomadas de la red)


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