cosmogonías y otras sales
Autora: Carmen M. Marín
Editorial Corpus
Editorial Corpus
Primera edición 2014
La cosmogonía es definida, tanto en la
astronomía como en la filosofía (ciencia en una, teoría en la otra),
como el origen y la organización del universo. No trataré de relacionar
el título de este libro con las definiciones, en este momento. Lo
menciono a modo de establecer contacto contigo, lector, lectora que me
honras con tu mirada, porque deseo prepararte para lo que conocerás del
mismo, si es que todavía no lo has hecho.
cosmogonías y otras sales, de
Carmen R. Marín, es una joya artesanal que disfrutarás visualmente a la
primera. El libro, diseñado y diagramado por Julio A. García Rosado, es
hecho a mano, y contiene diversos materiales, texturas y colores,
además del despliegue de páginas dobladas, algunas hacia arriba, otras
hacia los lados, que hacen del contacto con el mismo, una experiencia
sensorial extraordinaria.
El
primer color que nos ofrece está en su cubierta: el azul, tan asociado
con el romanticismo, es como un juego que la autora nos propone junto
con los encajes y transparencias que encontraremos al seducirnos, y uso
este verbo muy a propósito, porque acercarse a esta obra es entregar el
alma irremediablemente.
El
primer color que nos ofrece está en su cubierta: el azul, tan asociado
con el romanticismo, es como un juego que la autora nos propone junto
con los encajes y transparencias que encontraremos al seducirnos, y uso
este verbo muy a propósito, porque acercarse a esta obra es entregar el
alma irremediablemente.
No se piense que es un texto destinado al romance. cosmogonías y otras sales
se propone derrumbar paradigmas, pero no lo hace mediante la
construcción de un nuevo orden, lo hace por medio de la denuncia de la
realidad del que vivimos, y usa escasamente unas treinta y cinco páginas
y poco más de dos docenas de textos breves, pero fortísimos para
lograrlo. Es un llamado sutil a la realidad, sin letras mayúsculas, pero
con enormes problemas que dificultan la igualdad, e imposibilitan la
paz.
Ahora bien, para romper los paradigmas
hay que redefinir los términos que se toman sin cuestionamientos, mirar
la otra cara de la moneda como la declaración de la femineidad del
verdadero creador del mundo, por ejemplo (fue ella la creadora, él
dormía, mientras ella trabajaba), o la cotidianidad creadora, en los
dedos del escritor. La rebeldía no se resigna a las razones repetidas
por siglos. Cuando la mujer de Lot vuelve su rostro en reto claro fue
para darle, al dios que castiga, una lección de amor. Él en cambio la
convierte en estatua para no salvarla.
La mujer continúa su ruta contestataria en cosmogonías.
Lo hace al enfrentar a la muerte para cuestionarle la necesidad de
hacer creer a la mujer que debe ser esclava de la belleza y que debe
temer al amor hacia su propio sexo. También lo hace al personificar al
mundo como un gran mentiroso, culpable de que haya quien sueñe “con el
espejismo del cielo” (p5). Más que contestar, se enfrenta a la bala que
la busca, le cuestiona sus intenciones y exige su retirada, aunque por
otro lado habla de la fragilidad de la vida, cuando otra bala se aloja
en el punto exacto donde la noche antes hubo una batalla entre el terror
y la posibilidad del amor.
¡Cuánta realidad en cada texto! La gama de emociones se desborda hasta alcanzarnos. En “el menos irónico de los intertextos” se identifica y nos conduce con sus palabras, por los versos de Margie Priesly “La más clara alegría/es el cese de un gran sufrimiento”, porque
no hay quien entienda mejor el significado de la alegría, que quien
haya sufrido por demasiado tiempo. La ternura se desliza entre
intertextualidades, en “reseña“, con el elogio a la espalda amada, y la magnificación de la tristeza obliga a la lágrima a regresarse al ojo, en “retención de liquidos“.
Una tras otra, cada página es una joya, una sorpresa, un mazazo en las mentes y los corazones, porque cosmogonías y otras sales
resulta ser una denuncia social sin desperdicio de palabras ni
demagogia. Los hechos están ahí, para quien los quiera ver, y si resulta
que no se está preparado, si no se siente una, lista para reconocer las
realidades del repatriado, de la abuela que quedó anclada en los abusos
que sufrió en su niñez, del análisis del suicidio como alternativa,
siempre queda la belleza del entramado de sus palabras, y la del libro
como arte.

Carmen R. Marín, escritora
puertorriqueña, ha compartido con nosotros toda una experiencia por
medio de su obra. Supe que deseaba leerlo cuando me lo describieron. De
inmediato percibí una identificación gestándose en mi interior. No me
arrepiento de haber salido en su busca con premura. Ojalá tú lo puedas
experimentar también.
(Publicado en Atramentum/Voces Subversivas enero 28 del 2015)

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