Ahora



Hartera del amargo de lágrimas
(que mienten su existencia)

Cansancio de músculos que aprietan
diente contra diente,
sangrando la boca,
fatigando el aire que revienta los pulmones.

¿Cuánto es suficiente?
¿Por qué el dolor es más solo con los años
y el sentimiento extraño
(al llegar a la vejez)?
¿Por qué?
¿Por qué ser diferente en el otoño,
cuando se tuvo entre la saya…
el frescor
(de la primavera)?

¿Qué cambió ese pecho?
¿Quién cambió las reglas?
No es el no importar,
es el no reconocer
(el cuerpo propio)
olvidar
relajar las quijadas,
no
echar
de
menos
la
piel
erizada.

Porque el dolor se fusiona con el ser,
lo define,
ocupando el espacio vital de…
la libertad del suspiro.

Ay, lágrimas invisibles
¿por qué no descansan
(o se descubren)
de una vez y por todas?

Que esa amenaza ahoga,
más, ay más,
que el mucílago libertador
del pájaro azul.

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