Encore
No me duelen
los muertos.
Duelen los
vivos cargados con la pena de memorias pasadas y puntos suspensivos.
Duelen los
vivos que sufren los planes en participio:
pulverizados, aplastados,
desintegrados.
Los muertos
se gradúan de este intento de metáforas quebradas,
sonata de
violines que no logran, no buscan, ignoran la armonía.
Solo al
final del acto,
cuando los
que ya son, inclinan las cabezas y parten sin regreso en medio del aplauso…
Me duelen
los que quedan,
sus almas confundidas
y pechos sin aliento, que aún esperan,
sin
entender,
el abandono.
Miranda Merced

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